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Contra el control de las redes sociales

Estudiantes: Valentina D’Aquino, India X. Fourcade, Julia Perata, Catalina Arias

Lo logramos. Creamos un espacio donde todos y cada uno de nosotros, sin importar nuestra edad, género o nacionalidad, “somos parte”.

No hay nadie ni nada (excepto, quizás, el pago de una tarifa) que detenga nuestra entrada a este maravilloso y moderno mundo: allí no hay restricciones, nadie nos dice qué hacer o qué no hacer y a cada paso percibimos cierta libertad que nos abraza, que nos impregna de ese deseo de mostrarnos al mundo tal cual somos, sin que nadie nos juzgue. Pero, ¿realmente nadie nos juzga? ¿Cuál es el límite de nuestra libertad?

“El Proceso” de Kafka fue comparado durante los años con miles de fenómenos de la sociedad moderna, pero sin duda hay una lectura que, a nuestro entender, es la más valiosa y enriquecedora: la comparación de Josef K. y el “hombre moderno” o, mejor dicho, la representación del hombre moderno a través del protagonista. 

Una característica que define a la perfección a este sujeto, es decir, al hombre moderno, es que busca constantemente proclamar su libertad: comprobalo vos mismo, salí a la calle y anotá cuanto tiempo te toma encontrar alguna manifestación. Libertad de expresión, libertad de las mujeres, manifestaciones por la democracia. Podríamos seguir con la lista un día entero.

Pero, aún así, vivimos menos libres que nunca. Estamos más controlados que nunca. Más vulnerables que nunca. Más hipnotizados que nunca. Más expuestos que nunca.

Y quien nos controla es nadie, pero somos todos: es una mano invisible que nos agarra del cuello y no nos suelta. Y sin embargo, nosotros tampoco estamos dispuestos a cortar esa mano porque dependemos tanto de las redes sociales y del internet como del aire para respirar.

“Todo en internet tiene que ser gratuito”: esa frase dio inicio el mayor control de la humanidad. Nada es gratuito. Nos están vendiendo y nosotros pagamos el costo: vivir hackeados en un panóptico social.

El gran panóptico. Un concepto, una idea, una porción de realidad expuesta por Foucault a los ojos de las personas que nos revolucionó. ¿Acaso eramos tan ilusos antes de que aquel filósofo francés ilustrara nuestra triste situación? ¿Nuestra eterna condena? ¿Desconocíamos el control que se nos ejercía o lo aceptábamos como un aspecto de nuestra vida? 

Sin embargo, el panóptico señalaba el control de nuestros actos desde tiempos previos a las redes sociales: solo imaginemos el festín que Foucault y todos aquellos que han hablado sobre aquel sistema de control estarían teniendo si conocieran Twitter, Instagram o Facebook.

Hoy en día, el control de datos y las sensaciones de culpa e inseguridad que las redes nos inculcan conforman el motor del mercado en dónde los “me gusta” y los seguidores  son la moneda con la que hoy se comercia la aceptación social. 

Los dispositivos personales y el enorme volumen de información personal acumulado acerca de nosotros a partir de nuestra actividad online están creando una nueva vía para manipular nuestras acciones y pensamientos, aprovechando las vulnerabilidades de la mente detectadas por la economía del comportamiento, la psicología y la neurociencia.

Los ejemplos abundan: los intentos por manipular elecciones, la multiplicación de noticias falsas, la creación de perfiles falsos, reuniones en donde cada uno está más preocupado por lo que pasa en las pantallas que lo que pasa alrededor, notificaciones cada minuto, la compra y venta de seguidores, los editores de fotos. Como antes, la lista continúa y continúa. 

Igualmente, no es sólo eso. Están jugando con nuestra autoestima. Nos están capturando en un mundo narcisista dónde espiar la vida ajena e impactar lo más posible en los demás es prioridad. Nos están proyectando una realidad inexistente e inalcanzable.

Es la adolescencia el momento en donde la autoestima se encuentra expuesta a mayores vulnerabilidades. Así, nos convertimos en su mejor target. Por eso, somos nosotros los que debemos decir basta.

De aquí debemos actuar frente a esta situación. Es momento de abandonar la ingenuidad y lanzar la contraofensiva, podemos recuperar el control de nuestra vida para aprovechar los beneficios de la tecnología sin quedar atrapados en ella. ¿Qué podemos hacer vos y yo para cambiar este monopolio de datos? 

Debemos prohibir el uso de cualquier tipo de red social por el plazo de un año con el fin de  parar con el panóptico social, porque uno ya no es libre, porque uno está limitado a responder y a actuar como la sociedad lo ha impuesto: callarse y obedecer, ser esclavos de un aparato que nosotros mismos creamos.

Debemos lograr obtener nuevamente nuestra autonomía sin ser castigados o penados socialmente. Debemos ser conscientes y frenar este gran aparato controlador de vidas, porque en un futuro la poca libertad que nos queda será arrebatada completamente por las redes sociales y los datos.

Así y solo así podremos visualizar el impacto que éstas nos están generando. Frenar el uso del internet por un año nos hará sentirnos alguien en este mundo moderno, podremos dejar de lado ese anonimato que generan las pantallas para salir a vivir de una vez por todas. Tenemos la llave de nuestras esposas. Queda en nosotros excarcelarnos. ¿Estás dispuesto? 

Las redes sociales tienen mucho más de redes que de sociales. Como dice Santiago Bilinkis “debemos poner estas redes al servicio de la vida que nosotros queremos vivir, no de la vida que otros necesitan que vivamos”. Por eso es crucial que nunca te olvides que si un producto es gratis, es porque vos sos el producto.